PREMIO AL MEJOR GRUPO EXTREMEÑO 2017

supertennis

SUPERTENNIS

SuperTennis es una banda procedente de Alburquerque que nació como dueto a finales del 2006. En sus composiciones nos encontramos con temas de pop “fresco” en castellano, que toma como referencias el indie-pop nacional, el pop de los 60”,70”, 80” y las influencias de bandas tanto clásicas como actuales: Los Brincos, Los Flechazos, Los Salvajes, Octubre, Los Planetas, Lori Meyers, La Casa Azul, Cooper…

Se han convertido en una de las bandas de referencia dentro del indie extremeño. El trabajo y la ilusión componen la principal bandera de estos jóvenes poperos. La diversidad profesional y de estilos de cada uno de los componentes, promete un futuro vibrante en el que no faltarán proyectos apasionantes.

Su primer disco en una multinacional –la más atenta últimamente a esto del indie– les ha dado medios para poder desplegar su estética de manera pulcra y cuidada. Todo suena impecable, inmaculado, cada instrumento se distingue a la perfección en cada momento.

Es la primera impresión, tanto más patente si atendemos a la densidad instrumental aliada con el lirismo de las melodías. Muy pop en las primeras canciones, tanto puede recordar a La Guardia en ‘Nada que perder’ como iniciar con un fraseo a lo Brincos en ‘Ni contigo ni sin ti’. Un batiburrillo de épocas que se resuelve en amalgama de buen encaje. Incluso en la que da título al elepé, la presencia de la delicada Chloé Bird da un aire a Los Ángeles con el juego de voces. De Los Planetas extraen bastantes tonos, quizás más marcados en ‘Todo irá bien’.

Las letras basculan entre ideales de vida, hedonismos varios e introspección íntima. Y poco a poco se van creciendo como se crece la andadura rítmica del disco. Uno llega a ‘Tipo normal’ y percibe que la línea de bajo es similar a la del ‘Town called malice’ de The Jam, y a partir de ahí las tres canciones que cierran el disco arrasan. ‘Caballo ganador’ es un prodigio de armonía y fuerza y en este final esplendoroso se llega a ‘Ahora sí’, con todos los números para convertirse en un verdadero himno que, aun con guitarras, tiene mucho de La Casa Azul en melodía y en dolorosa ingenuidad.

El tema que cierra el disco, ‘El ilusionista’ más largo y quizás dado a la experimentación, tiene el justo punto de equilibrio entre dulzura y potencia. Un disco, pues, que se escucha con agrado, que aprovecha bien los medios de los que ha dispuesto y que despliega media docena de canciones con un encanto mayúsculo.